El derecho a no declarar: estrategia procesal y garantías fundamentales
En el imaginario colectivo, moldeado por décadas de cine y televisión, existe una idea peligrosamente arraigada: la creencia de que quien calla, otorga. Nos han enseñado a pensar que una persona inocente gritaría su verdad inmediatamente ante cualquier acusación, mientras que el culpable se escondería detrás del silencio para proteger sus secretos. Sin embargo, cuando trasladamos esta lógica de la ficción a la realidad de un procedimiento penal en España, el resultado puede ser desastroso para quien decide hablar sin el asesoramiento adecuado.
Como profesionales del derecho penal, en nuestro despacho vemos con frecuencia cómo ciudadanos honestos, movidos por la ansiedad y el deseo de aclarar un malentendido, complican su situación jurídica de manera irreversible en las primeras horas de una detención. La realidad es que el sistema judicial no funciona a base de impulsos o intuiciones morales, sino mediante pruebas, garantías y procedimientos reglados. Entender el alcance real del derecho a guardar silencio es la primera línea de defensa de cualquier ciudadano.
La naturaleza jurídica del silencio: un escudo, no una confesión
El derecho a no declarar no es un tecnicismo legal diseñado para favorecer la impunidad, ni una herramienta exclusiva de quienes tienen algo que ocultar. Se trata de un derecho fundamental recogido en el artículo 24 de la Constitución Española, que protege a todos los ciudadanos frente a la autoincriminación. Acogerse a este derecho significa, en términos prácticos, que decides no participar en la construcción de la prueba de cargo en tu contra hasta que tú y tu defensa tengáis todas las cartas sobre la mesa.
Cuando una persona es detenida o citada como investigada, se encuentra en una posición de extrema vulnerabilidad psicológica. El entorno de una comisaría, la privación de libertad, la incertidumbre sobre el futuro inmediato y la presión ambiental generan un estado de estrés agudo. En estas circunstancias, la capacidad cognitiva para narrar hechos con precisión, recordar horas exactas o detallar sucesos complejos se ve gravemente mermada. El silencio, por tanto, actúa como un mecanismo de protección para evitar que ese estado de nerviosismo derive en declaraciones erróneas que, a la postre, puedan ser interpretadas como falsedades.
Es vital comprender que, en nuestro ordenamiento jurídico, la carga de la prueba recae exclusivamente sobre la parte acusadora. Son la policía, la fiscalía y la acusación particular quienes tienen la obligación de demostrar la culpabilidad, no el investigado quien debe probar su inocencia. El silencio es un estado neutro procesalmente hablando; no suma ni resta culpabilidad, simplemente mantiene el estatus de presunción de inocencia intacto hasta que existan pruebas objetivas que indiquen lo contrario.
El riesgo de la declaración precipitada en sede policial
Uno de los errores más comunes es creer que dar explicaciones en el momento de la detención servirá para que la policía nos deje marchar inmediatamente. La realidad operativa es muy distinta. Cuando las fuerzas de seguridad proceden a una detención, generalmente ya han realizado una labor de investigación previa o cuentan con indicios que, a su juicio, justifican la medida. Una declaración espontánea del detenido raramente cambiará ese criterio en el acto, pero sí puede aportar datos que la policía desconocía y que servirán para apuntalar la acusación.
En el siguiente vídeo explicamos detalladamente por qué esta decisión inicial es tan crítica y cómo debe abordarse desde una perspectiva estratégica y no emocional.
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La asimetría de información y el peligro de las contradicciones
Para entender realmente por qué aconsejamos tantas veces el silencio en comisaría, hay que analizar la situación desde el punto de vista de la información disponible. En el momento de la detención, la relación de información es totalmente asimétrica: la policía lo sabe todo (o al menos todo lo que ha recopilado hasta el momento) y el detenido no sabe nada, o muy poco, sobre lo que consta en el atestado policial.
Los abogados, en esa fase inicial en comisaría, tampoco tenemos acceso completo a las actuaciones. Podemos entrevistarnos con el detenido y conocer los motivos de la detención, pero no podemos examinar en profundidad las pruebas de cargo (grabaciones, testimonios de terceros, rastreos telefónicos, etc.) hasta que el asunto pasa al juzgado. Esto crea un terreno de juego desnivelado.
Al declarar a ciegas, el riesgo de incurrir en contradicciones es altísimo. Un detalle que parece inocuo para el detenido puede ser la pieza clave que la policía necesitaba para cerrar el caso. Imaginemos, por ejemplo, que una persona declara haber estado en un lugar concreto a una hora determinada para intentar establecer una coartada, pero se equivoca ligeramente en la hora debido al estrés.
Si la policía tiene una prueba tecnológica que sitúa su teléfono móvil en otro punto en ese preciso instante, esa pequeña inexactitud se convierte automáticamente en un indicio de culpabilidad y en una prueba de falta de credibilidad.
Además, al hablar sin conocer el contenido de la denuncia, se corre el riesgo de admitir hechos que, aunque no sean delictivos en sí mismos, sitúen al investigado en el lugar o momento del delito, facilitando enormemente la labor de la acusación. El silencio evita estos errores no forzados. Permite esperar a que el abogado tenga acceso a toda la información para, entonces sí, construir una defensa coherente y ajustada a la realidad del expediente judicial.
Mitos que debemos derribar sobre el silencio
Es fundamental desmontar las falsas creencias que rodean a la negativa a declarar. Muchos clientes llegan a nuestro despacho de abogados alicante con la idea preconcebida de que callar es sinónimo de otorgar. Nada más lejos de la realidad jurídica.
El mito de la oportunidad perdida
Muchos detenidos sienten la urgencia de hablar pensando que, si no lo hacen ahora, no podrán hacerlo después. Esto es absolutamente falso. El proceso penal ofrece múltiples oportunidades para prestar declaración. De hecho, la declaración ante el juez de instrucción, que se produce después de la detención policial, es mucho más relevante y segura, ya que para entonces el abogado habrá podido estudiar el caso. No se pierde ningún derecho por no declarar en comisaría; simplemente se pospone el momento de dar explicaciones a una fase donde se cuenta con mayores garantías.
El miedo a parecer culpable
Otra preocupación habitual es pensar que el juez o la policía interpretarán el silencio como una señal de que se oculta algo. Sin embargo, la jurisprudencia es clara: el ejercicio de un derecho fundamental no puede ser utilizado como indicio de cargo. Un juez profesional sabe perfectamente que el silencio es una estrategia de defensa legítima y necesaria. No se puede condenar a nadie basándose en lo que no dijo. La condena solo puede sustentarse en pruebas de cargo válidas y suficientes, independientemente de la actitud colaboradora o no del acusado.
Las excepciones: cuándo sí interesa declarar
Como bien señalamos en el vídeo, el derecho no es una ciencia exacta y no existen reglas absolutas que se apliquen al 100% de los casos. Decidir si se declara o no es una cuestión puramente estratégica que debe ser analizada caso por caso. No es una fórmula fija, sino una decisión táctica.
Existen situaciones específicas donde romper el silencio puede ser la mejor opción. Esto ocurre, fundamentalmente, cuando disponemos de una prueba de descargo contundente y objetiva que puede desmontar la acusación de raíz. Si, por ejemplo, se acusa a una persona de un delito cometido en una ciudad, pero esa persona tiene pruebas documentales irrefutables (como un ingreso hospitalario o un viaje documentado) de que estaba en otro lugar, declarar y aportar esa prueba puede ser la vía más rápida para esclarecer los hechos y lograr la libertad inmediata o el archivo de la causa.
En estos casos, la declaración no busca «explicar» o «convencer» retóricamente, sino aportar un dato objetivo que cierra la investigación. Sin embargo, incluso en estos supuestos, la declaración debe ser medida, concisa y siempre bajo la estricta supervisión de un abogado penalista que se asegure de que no se dicen más cosas de las estrictamente necesarias.
La declaración como herramienta de defensa
Es importante cambiar la mentalidad: la declaración no es una conversación, es un acto procesal con consecuencias legales. Por ello, solo debe realizarse cuando sirve a los intereses de la defensa. En la mayoría de los casos, la prudencia dicta esperar. Esperar a ver qué tiene la acusación. Esperar a leer los informes periciales. Esperar a ver qué dicen los testigos. Una vez se tiene toda esa información, se puede decidir si declarar es beneficioso y, en caso afirmativo, preparar esa declaración minuciosamente para que sea clara, exculpatoria y sin fisuras.
La importancia de una defensa especializada desde el primer minuto
La diferencia entre una absolución y una condena a menudo se fragua en las primeras 24 horas tras la detención. Contar con un abogado penalista especializado que se persone inmediatamente en comisaría, que sepa frenar la ansiedad del detenido por hablar y que diseñe una hoja de ruta desde el principio es insustituible.
En CBL Abogados entendemos que cada caso es un mundo y que la libertad de nuestros clientes depende de decisiones tácticas tomadas con cabeza fría en momentos de mucha tensión. No declarar en comisaría no es un acto de rebeldía, sino un acto de inteligencia procesal. Es reservarse la mejor carta para el momento en que realmente se puede ganar la partida: ante el juez y con pleno conocimiento de la causa.
La presión policial para obtener una declaración puede ser sutil o directa, apelando a la «colaboración» para resolver el asunto rápido. Pero recordemos que la función de la policía es investigar delitos, y la del abogado es defender derechos. En ese conflicto de intereses, tu abogado es la única persona en esa sala cuya única prioridad es tu bienestar legal.
Tu futuro depende de tu estrategia, no de tus palabras impulsivas
En definitiva, enfrentarse a un proceso penal es una carrera de fondo, no un sprint. La precipitación es enemiga de la buena defensa. Si alguna vez te ves en una situación así, recuerda que tu silencio es tu derecho y tu mayor garantía. No permitas que el miedo te lleve a renunciar a él sin el consejo de un experto.
La próxima vez que escuches que «quien calla otorga», recuerda que en derecho penal, quien calla, a menudo gana tiempo, seguridad y garantías. Y quien habla sin saber, a menudo se condena a sí mismo.
Si te encuentras ante una situación legal compleja o tienes dudas sobre tus derechos, no dudes en contactar con profesionales que velarán por tus intereses con la máxima rigurosidad y estrategia.
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